Aquel día que cambió mi vida (Concurso cuento-redacción «Migración. Mar de oportunidades» del FECAM curso 2021/2022)

Mi nombre es Guillermo, tengo 13 años, y me considero un niño con sueños y esperanzas. Yo nací en México, en un pueblo carente de comodidades. En su momento, estuve ganándome la vida como pude. A mis padres hace tiempo que nos los veo. Dijeron que volverían a por mí cuando se fueron a Estados Unidos…, pero ya he pasado más de ocho años sin verlos. No me acuerdo muy bien, Antonio y María, los vecinos que me cuidaron cuando era pequeño, me lo contaron. No les guardo ningún rencor. Sé por qué lo hicieron, les entiendo, solo espero que estén bien.

Pero no todo ha sido malo, tampoco he aguantado así yo solo. Mis vecinos estuvieron cuidando de mí. Los quiero mucho, se hicieron cargo de mí como si fuera su propio hijo. Ellos me han enseñado todo lo que sé: leer, escribir, hasta lo que más me gusta, la música. Ellos gastaron su poco dinero en mí. No solo en alimentarme, sino también en mi guitarra. ¡Mi maravillosa guitarra! Estuve mucho tiempo practicando con ella. Por ese entonces, me dedicaba a compartir mi arte con todas las personas que pasaban por la calle. Mucha gente decía que tocaba muy bien para no haber recibido ningún tipo de enseñanza. Cuando me ponía a tocar, al rato, acababa llegando mucha gente. Era siempre el que tocaba en las fiestas y todo el mundo me conocía por eso. ¡Me trataban genial!

Un día de esos, en los que compartía mi música con el mundo, apareció un coche muy alargado de color negro. Era la primera vez que veía uno. Dos hombres trajeados se bajaron y me preguntaron dónde estaban mis padres y me comentaron que estaban interesados en convertirme en una estrella. ¡Yo, una estrella! Los llevé con mis vecinos, Antonio y María. Como dije antes, ellos no eran mis padres, pero los quería como si lo fueran. Los caballeros les pidieron entrar a su casa y mis vecinos aceptaron y me pidieron que me quedara fuera mientras hablaban con ellos.

Apenas pude escuchar nada desde allí fuera, pero sí algo sobre impartir clases en un conservatorio de música. ¿De verdad toco tan bien? Cuando lo escuché, ¡no me lo podía creer! Cuando los señores encorbatados se fueron, mis vecinos me lo contaron todo. Se ve que Marta, la alcaldesa del pueblo, corrió la voz de mis actuaciones y había gente interesada en mí. Encima, el conservatorio, no estaba aquí, en México, ¡sino en Estados Unidos! ¡No me lo podía creer! ¡A lo mejor me encontraba con mis padres! ¡Iba a vivir el sueño americano! El único problema es que mis vecinos no iban a poder ir conmigo, pero a ellos no le importa mientras todo fuera por mi bien. Además, me dijeron que era muy económico. Me iban a ir a recoger dentro de una semana si conseguían el dinero.

Mis vecinos corrieron la voz en el pueblo, ¡todos estaban muy contentos! Decían que me lo merecía mucho y que ojalá me fuera muy bien. Tanto, que me ayudaron cada uno con lo poco que tenían, incluso la alcaldesa fue la que más aportó y hasta me deseó suerte. Yo estaba muy agradecido por el esfuerzo de todos, especialmente con ella.

Pasó la semana. Yo estaba muy nervioso e inquieto. Me acompañaba mi guitarra en todo momento esperando, junto a mis vecinos, a la llegada de los trajeados. Se empezaba a hacer tarde cuando, por fin, aparecieron. Esta vez no iban en el coche alargado negro, sino en una especie de furgón muy grande. Cuando alguien se iba del pueblo también se va en una de esas, ¡pero esta era aún más grande!

Cuando mis vecinos le entregaron el dinero, me dejaron subirme al furgón. ¡Había más gente!

–¡Por lo menos no iba a vivir este cambio yo solo! –pensé ilusionado.

Aunque…, el viaje fue mas largo de lo que creía. Quizás fuera porque no había ventanas y todo estaba muy oscuro o quizás por los incómodos silencios de las personas que se encontraba conmigo. Yo no hablé porque estaba pensando en cómo iba a ser la vida allí. Yo sólo escuchaba. Eramos siete: una pareja de adultos, una niña más pequeña que yo, una persona mayor y un par de personas muy raras que solo miraban hacia abajo; creo que estaban muy tristes de abandonar su hogar, al igual que yo. A cambio, ¡los otros estaban entusiasmados! ¡Uno de los adultos se puso hasta a tatarear! ¡Me dieron ganas de acompañarlo con la guitarra!

Cuando, de repente, el coche se paró. Se empezaron a escuchar voces. Algo de un pasaporte, no entendí mucho. Luego, el coche volvió a arrancar, caminó un poco, y se volvió a parar. El hombre trajeado que iba en el asiento del copiloto bajó y nos abrió la puerta.

–Bueno. Ya hemos llegado. Ya la hemos cruzado –nos dijo.

Fuimos corriendo a bajarnos. Cuando todos pusimos los pies en el suelo, nos dimos cuenta de que… ¡estábamos enfrente de la frontera! ¡Aún no la habíamos cruzado!

–El trato era llevaros a la frontera, ¿no? –dijo el trajeado con cara de pardillo mientras se subía al asiento y el otro aceleraba.

No podía ser. ¿Nos habían engañado para quedarse con nuestro dinero? Todos lloraban desconsoladamente. Yo estaba muy apesadumbrado y demasiado nervioso. ¡No sabía qué hacer! ¿No iba a poder cumplir mi sueño? ¿Y el dinero de mis vecinos? ¿Se lo llevaron ellos? ¿Todo esto fue por dinero? Los pensamientos volaban por mi mente sin parar.

Y ahí se encontraba un grupo de siete personas delante de un muro, pensando qué podían hacer. Yo no me enteraba de cómo van estas cosas, yo solo seguía a los mayores. Unos deseaban intentar entrar a pesar del riesgo de que la policía fronteriza nos detuviera o nos dejaran entrar. En cambio, otros pensaban que esta opción era la peor y que nos llevarían a lugares terribles, ya que podrían acusarnos de terroristas y que lo mejor era volver a casa. Pero nos encontrábamos muy lejos, sin alimentos, sin agua, en una situación en la que podíamos morir de sed o de hambre en el intento. Aquello era un lío, solo quería llegar de una vez.

El grupo se dividió en dos. Yo decidí ir hacia la frontera, los demás dieron media vuelta asumiendo que su dinero se había perdido. Sí, me quedé solo. Ya estaba acostumbrado a ello desde pequeño. No me lo pusieron nada fácil, querían que me fuera con ellos porque no iban a dejar a un niño abandonado en medio de la nada. Al final, salí corriendo y no pudieran llegar a cogerme. Yo, en realidad, no quería estar solo, sentía miedo, estaba confuso y sabía que la muerte seguía mis pasos en aquellos parajes. Peroo tampoco quería que el dinero y esfuerzo de mis vecinos se perdieran en vano, y menos cuando podía tocar mis sueños con un dedo, a golpe de cuerda de guitarra. Lo tenía justo delante de mis ojos, lo veía con claridad, necesitaba intentarlo, necesitaba llegar.

Cuando estuve a un paso de lograrlo, unas alarmas se dispararon y un grupo de agentes empezó a salir de una puerta perfectamente camuflada que estaba incrustada en la pared. Estaba formado por cuatro soldados que me hablaban en inglés. Yo no los entendía muy bien, sabía un poquito de inglés por las canciones que tocaba y que me enseñaron mis vecinos. Así que, mientras me hablaban y señalaban, se me ocurrió sacar mi guitarra y cantar una canción. Se ve que la canción decía cosas muy tristes porque todos empezaron a llorar. Uno de ellos me puso la mano en la espalda mientras me guiaba a la puerta. No me lo podía creer, ¿estaba entrando? Pero… ¿Y los demás? ¿Iba a ser tan fácil? No sabía ni a dónde me llevaban, quizás esta no fuera la mejor idea. Estaba empezando a sentir mi cuerpo invadido por el miedo, hasta que me empecé a fijar en las instalaciones. Yo pregunté:

–¿Eso es un ordenador? ¡Siempre había querido ver uno! Esa silla tiene pinta de ser cómoda. Me encanta el color de las paredes…

Estaba completamente alucinado. ¡Era la primera vez que veía todas esas cosas!

– Hey, hola. ¿Cómo te llamas? Veo que tu no eres de por aquí, – me dijouna mujer que se acercaba a mí muy despacio.

¡Por fin alguien que hablaba mi idioma! Se ve que los agentes le dijeron que cantaba muy bien. No los entendí porque lo dijeron en inglés, pero ella me lo tradujo. La verdad que su trato fue encantador.

Me empezó a hacer preguntas de todo tipo. Mi nombre, fecha de nacimiento, que es lo que quería hacer, como acabe aquí, dónde estaban mis padres… Después de responder todas esas preguntas, me dijo que no se podía pasar la frontera sin pasaporte o pasaje fronterizo. No sabía ni de que me estaba hablando, pero se veía que se trataba de algo importante y que, como todo, costaba dinero. Yo no tenía dinero por la irresponsabilidad de aquellos señores trajeados, pero ella me explicó a qué se dedicaba esa gente. Se veía que era una mafia que estafaba a los habitantes de nuestro país prometiéndoles una fantasía hecha realidad por un precio bajísimo, solo para quedárselo ellos. Pero por si fuera poco… ¡Ella también me ofreció quedarme allí! Me dijo que podía ser vital para la caza de este grupo organizado y que podía ayudarlos a identificarlos. A cambio, me prometieron una residencia en la que estar, con comida, agua e, incluso, ¡electricidad! ¡Iba a poder tener mi propio ordenador! Y un poco de dinero todo los meses para hacer lo que necesitara. Estaba deseando invertirlo en aprender música, solo que, como soy menor, debía tener un tutor responsable. Ella se ofreció muy amablemente a ocuparse de mí y yo no podía salir de mi asombro. Me sentía muy afortunado. Otros no lo consiguen, regresan a su lugar de origen o mueren en el camino; sin embargo, el cielo me había sonreído, alguien había velado por mí. Yo estaba a salvo y tenía la oportunidad de alcanzar mi sueño. Di gracias, solamente pude dar gracias a la vida.

Y así acabé aquí, viviendo en la casa en la que vivo y contándoles mi historia a mis compañeros y compañeras para un trabajo de Historia. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Ya hace un año que pasó y la verdad es que estoy muy contento. Sigo pensando y recordando a mis vecinos que hicieron todo esto posible. He mejorado mucho con la guitarra desde entonces y he podido identificar a uno de los señores que nos engañó y que, ahora mismo, se encuentra entre rejas. Aunque echo de menos mi hogar y mi gente, no os voy a mentir. ¡Este sitio es fenomenal! Es enorme, hay muchísimas cosas que puedes hacer y ¡la comida está deliciosa!

Gracias a mi intuición y a la vida ahora puedo disfrutar del gran mar de oportunidades en el que me encuentro navegando en este momento.

FIN

IES Feria del Atlántico

Curso: 1 BACH Ciencias

Nombre: Orlando D. Cabrera Martín

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