Ding dong

         ¿Hola?… ¿Me escucha? Por supuesto que no. La contaminación acústica se produce al encontrarnos con un elevado nivel de decibelios en nuestras vidas y que, al parecer, se ha demostrado científicamente que resulta perjudicial para la salud produciéndonos, a corto plazo, cefaleas y, a largo plazo, falta de oído o la pérdida del mismo. En mi vida y en mi trayectoria escolar el ruido ha sido un molesto acompañante con el que no he tenido más remedio que lidiar. Como ese barullo que se forma en el aula y que no deja estudiar a uno o esos MALDITOS vecinos que ponen la música tan alta a horas en las que es imprescindible descansar o ese inoportuno tono de móvil que suena en medio de una peli que estás viendo en el cine. Este problema nos afecta a todos, ya son muchos los ciudadanos que critican los ruidos que hacen los camiones de basura o los que ocasionan los aviones que pasan por encima de zonas residenciales interrumpiendo esas maravillosas horas de sueño. Por un lado, hace falta educar en el silencio a la juventud, hacer uso de la meditación y el mindfulness en la escuela puede resultar un gran aliado en la lucha contra la contaminación acústica. Aboguemos por una sociedad en la que montar jaleo no parezca normal y la onomatopeya “shhhhh” no esté a la orden del día.

Daniel Mbo Ada (1º Bachillerato)