El hambre en el mundo

Si hablamos del hambre en el mundo, nuestro primer pensamiento ante esas palabras son imágenes desgarradoras: niños con extrema delgadez, países tercermundistas como Venezuela, Argelia o Etiopía, guerras… Pese a eso, la gran mayoría de las personas que no se encuentran en situación de necesidad respecto a los alimentos, pasa ese grave problema por alto, sabiendo que existe, pero ignorándolo ya que no les ocurre a ellos.

La subalimentación es la incapacidad para adquirir suficientes alimentos como para satisfacer la cantidad de energía diaria que necesita una persona durante mínimo un año. Teniendo esto en cuenta, actualmente, los 3 países que registran un mayor porcentaje de subalimentación son: Haití, país en el cual una de cada dos personas es incapaz de acceder a un nivel de ingesta suficiente para sobrevivir; Zambia, en el cual dos de cada cinco niños menores de 5 años no se desarrollan con normalidad y el 15% posee un peso por debajo del apropiado ya que tienen deficiencias nutricionales; y República Centroafricana, con un índice de subalimentación del 48%.

Según las estadísticas, se estima que unos 8.000 niños mueren al día por subalimentación, 795 millones de personas pasan hambre a diario, y 1 de cada 10 se acuesta con el estómago vacío. Sin embargo, gracias a la capacidad tecnológica para producir y distribuir el doble de los alimentos que necesita la población mundial, una octava parte de la población sigue padeciendo hambre y malnutrición o enfermedades relacionadas con ello. A pesar de todos estos datos, se produce casi el doble de comida para alimentar a la población, pero se desperdicia un tercio de dicha producción, lo que equivale a 2 kilos de comida a la semana por persona.

En conclusión, a todo lo mencionado anteriormente, si preguntamos a todos los habitantes de la tierra uno por uno sobre qué eliminarían de la superficie de la tierra, entonces no hay duda de que el hambre en el mundo será uno de ellos. No cabe duda de que no existe persona en el mundo que apoye el hambre o la defienda. Sin embargo, nadie de esas personas que no apoya el hambre hace algo para luchar contra la desigualdad social. El hambre ha sido, es, y será siempre una de las principales razones de cambios sociales, progresos técnicos y revoluciones.

Dailos Moreno Alonso   (1º Bachillerato Humanidades)