La esperanza (Concurso cuento-redacción «Migración. Mar de oportunidades» del FECAM curso 2021/2022)

Un día como otro cualquiera en Canadá, se encontraba Peter como de costumbre realizando sus tareas cotidianas. Salió a comprar el pan a la panadería de la esquina, esa que tanto le gustaba por los panecillos recién hechos con leche y mantequilla.


De repente, mientras decidía cuánto panes comprar, empezó a escuchar disparos y explosiones. Peter, asustado y angustiado, salió de la panadería a toda prisa y buscó el lugar del que procedían las explosiones. Vio a la gente corriendo y gritando, pero en lo único que pensaba era en su familia, así que salió corriendo para ir a su casa. Cuando llegó a su casa lo único que vio fueron escombros por todos lados; su casa ya no era un hogar, había sido destruida. Se tiró al suelo y empezó a llorar. De repente, Peter quedó sumido en la tristeza, volvió a escuchar las imparables explosiones y, en un arranque de valentía, se escondió en su casa destrozada para poder sobrevivir al ataque. Allí pensó que estaba solo, que ya no tenía a nadie, que sus padres y sus hermanos habían muerto. Pero se acordó de
su tío Joel, el hermano de su madre, que vivía en Italia desde al menos diez años.


Peter, un niño de tan solo dieciséis años, de pelo castaño y ojos marrones, se aventuró a ir a visitar a su tío Joel, ya que era la única familia que le quedaba ahora. Peter sacó su móvil del bolsillo y miró los billetes para ir a Italia a través de
internet, pero, claro, eran muy caros y, ahora mismo, no tenía los recursos económicos necesarios para realizar el viaje. Así que trazó un plan con su brillante destreza e inteligencia. Esa misma noche se colaría en un avión, en el equipamiento, sin que nadie lo viese. Era muy arriesgado, pero también la única forma de escapatoria que tenía en ese momento.


Y así fue como horas más tarde aterrizó en Italia, después de un durísimo trayecto marcado por la incomodidad, la inseguridad, la agonía y la tristeza por la pérdida de su familia. Peter, silencioso y astuto y una vez estando en una zona segura llamó a su tío Joel, un hombre de cuarenta y dos años, luchador e inteligente. Le contó todo lo sucedido, pero entonces, se hizo un silencio bastante incómodo. Su tío, sorprendido e incrédulo por todo lo que le estaba contando, le dijo, lamentándolo mucho, que él ya no vivía en Italia, que hacía tres años que se mudó a Colombia.


Peter con las lágrimas en la cara y con el estómago bastante vacío, le dijo a su tío que no pasaba nada, que él se las iba a ingeniar para llegar a Colombia, pero que no podía pensar con el hambre acuciante que sentía. Se fue a un puesto donde vendían bocadillos muy buenos y compró uno que pagó gracias al dinero que seguía teniendo al ir a comprar el pan de su casa y se fue a comer el bocadillo a un parque. Después, comenzó a idear un plan para llegar a Colombia y para quedarse con su tío Joel. En ese instante, vio a unos chicos jugando al fútbol en una cancha. Cuando uno de los jugadores se acercó a recoger la pelota y vio a Peter y le preguntó si quería jugar con ellos. Era un joven con aparentemente dieciocho años, alto, con pelo negro y ojos marrones. Peter aceptó la oferta encantada para despejarse un rato. Cuando terminaron, el mismo chico que lo había invitado a jugar se presentó como Suly y lo invitó a jugar al día siguiente a la misma hora y en el mismo lugar, después de hablar largo rato. Peter, sin pensarlo, aceptó la invitación porque se encontraba desamparado. Buscó un lugar acogedor para pasar la noche.


Mientras caminaba encontró un recoveco que lo podía guarecer del frío y de la lluvia de la noche oscura y gris. Peter no pudo conciliar el sueño y las horas se le hicieron eternas pensado en todo lo que le había pasado y lo que le quedaba por pasar. Sólo consiguió dormir un poquito antes de que amaneciera y los pájaros del parque iniciaran su canto.


Con un poco más de ánimo por su nuevo amigo Suly fue directo a la cancha y allí se volvió a encontrar por segunda vez con él. Suly, observó su aspecto físico desaliñado y le preguntó si había desayunado. Peter le contestó que no, que ya no disponía de dinero suficiente y Suly le compró un bocadillo y un zumo en una tasquita que había cerca de allí.


Cuando terminaron de desayunar fueron directos a jugar lo antes posible y estuvieron practicando fútbol durante varias horas. Cuando acabaron, le surgió una duda a Suly y le preguntó dónde vivía. Entonces, Peter comenzó a contarle su historia.


Suly, viendo tanto dolor, le preguntó si quería que lo ayudara en algo y Peter aceptó. Suly lo llevó a su casa, ya que no encontraba otra opción mejor. Una vez allí, ambos se ducharon y comieron un plato de arroz con una rica y sabrosa salsa de queso. Peter le preguntó a Suly por su familia y éste le contó que sus padres tenían un rango muy alto en una empresa y por eso tiene una casa muy lujosa. Suly le dijo a Peter si quería se podía quedar todo el tiempo que estimase oportuno y Peter se sintió muy agradecido.

De repente, entró en la casa una chica. Era una amiga de Suly que sintió mucho interés por Peter y su situación. Ella se
llamaba Nyxly, tenía unos diesiciete años y un pelo muy bonito y largo, con unos ojos verdes preciosos. Después de pasar un largo tiempo juntos los tres, Nyxly le comentó a Suly había que ayudar a Peter. Se hicieron muy amigos los tres y Peter Piter llamó a su tío Joel para contarle todo lo ocurrido en ese tiempo. Su tío Joel no le puso ningún impedimento a Peter para quedarse en Italia con sus nuevos amigos. Él sabía que llegar a Colombia no era nada fácil y que vivir allí era muy arriesgado. Pensaba que su sobrino tendría más posibilidades en un país europeo, quizás más de las que tuvo él.


Así que Peter, con ayuda de los padres de Suly, pudo lograr tener una acogida en un nuevo país y encontrar una familia que lo cuidase para lograr una nueva oportunidad en la vida. Un mar de oportunidades se abría ante él gracias a la solidaridad y a la humanidad todavía existentes.

Yeremi
Primero de Bachillerato de Ciencia
IES Feria del Atlántico

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