La historia del inmigrante engañado (Concurso cuento-redacción «Migración. Mar de oportunidades» del FECAM curso 2021/2022)

Había una vez una familia numerosa que vivía en Perú con siete habitantes llamados María, Raquel, Felipe, Alejandro, Pedro, Camilo y Joaquín. Un día Joaquín al ver la situación de pobreza, de inseguridad, de violencia y de hambre
en la que se encontraban decidió llamar a su amigo José que se encontraba en Alemania y preguntarle cómo estaba la situación para los inmigrantes. Salió a buscar un locutorio para poder realizar su llamada de larga distancia y contactar
con su amigo que hacía unos meses lo había llamado para saludarlo y saber cómo estaba.
Cuando llegó a realizar la llamada se encontró con la mamá de Juan y le dijo:

-Hola doña Martha ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

-Bien y ¿usted? – respondió.

-Bien doña Martha. ¿Qué tal José, cómo le está yendo? – pregunté.

-Excelente Joaquín, el está muy contento – contestó ella.

-Sí, ¡Qué bien, doña Martha! Me alegro mucho por él, – respondí porque tenía que irme antes que cerraran.

-Ah bueno, Joaquín, cuídese mucho – me respondió doña Martha.


Joaquín, al escuchar eso, se animó mucho más cuando él toma el teléfono y le marcó, pero su tiempo era limitado porque no tenía suficiente dinero para pagar su llamada. Cuando José le contestó le dijo:

-Hola José, ¿Cómo estás? ¿Cómo te está yendo? – pregunté rápidamente porque tenía tiempo limitado.

-Hola Joaquín, excelente ¿y a ti cómo te está yendo? – respondió.

-Me alegro mucho, pues la verdad es que no muy bien -contesté en tono bajo. Precisamente te llamaba para eso, quiero irme para allá, porque aquí la situación está muy complicada.

-Claro, amigo mío, venga aquí, lo espero y lo ayudo en todo lo que necesite. Si necesitas el pasaje yo se lo presto –respondió José muy contento.

-¿Serías capaz de hacer eso por mí? – pregunté.

-Claro, amigo mío, si eres casi como mi hermano, como no ayudarte -confirmó José.

-Como yo no sé cómo se hace el trámite le agradezco que lo haga por mí y yo le pago todo cuando haya trabajado – respondí.

Se despidieron y Joaquín se fue muy contento e ilusionado para su casa. Al llegar, reunió a sus hermanos y les dijo lo sucedido. Sus hermanas menores se pusieron tristes porque sabían que no lo volverían a ver por mucho tiempo,
pero la ilusión de qué Joaquín se fuera para ayudarles les hizo entrar en razón y verlo de otra manera.

Tres días después José llamó Joaquín y le dijo:

-Joaquín, ya tengo todo solucionado: el pasaporte, los billetes, la estancia, todo está organizado, mañana mismo sales.

-¡Qué buen amigo eres! – contestó Joaquín muy contento.

Al día siguiente José lo llamó y le dijo:

-El vuelo sale en la noche, pero antes de salir, por favor, puedes pasar por una maleta con unas cosas que necesito.

-Bueno, José muchas gracias. Yo paso por las cosas – respondí agradecido por lo que hizo por mí.

Se despidió de su familia en el aeropuerto y emprendió su nuevo camino que según él sería su mayor felicidad. Todo iba muy bien hasta que llegó al aeropuerto de Alemania donde sus maletas fueron registradas y para su sorpresa, le encontraron algo que él no sabía que llevaba. Las cosas de su amigo José tenían droga y sin el saber lo que llevaba, fue arrestado en un país que no conocía. Al darse cuenta que había sido engañado por su amigo lo llamó y su amigo José no le respondió.

Cinco años después, por un delito que no cometió, por desconocer lo que llevaba en su maleta, salió libre de la cárcel. Su familia no supo nada. En la cárcel conoció a una persona llamada Jorge de la que aprendió mucho: le enseñó hablar alemán, a defenderse en la cárcel. Fue su única compañía en ese lugar oscuro y terrible.


El salió en busca de oportunidades, ahora con muchos conocimientos, pero sin saber a dónde ir, ni dónde vivir. Se sentó al frente en la puerta de la cárcel pensando en qué hacer. En ese momento recordó que Jorge, antes de salir, le
dejó el número de teléfono para cuando lo necesitara. Rápidamente fue en busca de un móvil para poder llamarlo y le dijo:

-Hola, Jorge ¿Cómo estás? Acabo de salir de la cárcel.

-Hola Joaquín, me alegro mucho amigo mío – contestó.

-Sí, pero como sabes no tengo dónde dormir, ni dónde trabajar – dije con la esperanza de que me ayudara.

-Claro, Joaquín yo te ayudo con lo que pueda, porque como sabes también estoy empezando de nuevo.

-Muchísimas gracias – contesté muy agradecido.


Días después Jorge le presentó a unas personas y empezó a trabajar de a poco en lo que le resultara, ya que recién había salido de la cárcel y no tenía documentos.

Apenas tuvo dinero, llamó a su familia y les contó lo sucedido. Ellos creyeron que algo malo le había ocurrido porque no sabían nada de él, pero al estar bien les prometió cumplir con la promesa de ayudarlos. Tuvo que pasar rechazos,
humillaciones por ser indocumentado. Él no podía tener un empleo estable, le tocaba hacer cosas para ganar dinero, para aportar dónde vivía y poder recoger algo para su familia, pensaba no todos tenemos la fortuna de tener un buen trabajo, pero hay que vivir el día a día como llegue. Le costó adaptarse a la cultura, a la costumbre, a la comida, incluso a la forma de convivir. Ser inmigrante no es llegar a invadir espacios en las familias o en los trabajos, las personas van en busca de oportunidades para sacar adelante una familia, que hay que cuidar y alimentar. Es difícil desprenderse de todo aquello que se queda atrás, familia, amigos con las que pasaste momentos maravillosos y mágicos, solo quedan en el recuerdo, que duelen cuando no te sientes completo. Joaquín seguía diciendo yo tengo un propósito y es mejorar mi calidad de vida y la de mi familia, es lo que me motivó a seguir a mí muchas veces.


Años después, Joaquín pudo conseguir un trabajo estable, con el que le podía ayudar a su familia desde el exterior, a poder vivir de una manera adecuada y a estar en paz y tranquilidad.

Estefanía Zuluaga Valencia
Primero de Bachillerato de Humanidades
IES Feria del Atlántico

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