La infancia de antes y la de ahora

Como una vez dijo Manrique: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir”. Hay veces que extrañamos con anhelo nuestra infancia, aquella en la que estábamos tan felices con nuestros juegos de mesa, nuestros puzzles, los dibujos animados y así, con tan poco, vivíamos contentos una tarde soleada en la que el arcoíris se presentaba con nuestros colores favoritos. Soñábamos con ser mayores, descubrir el mundo y hacer de éste algo mejor. Nos encantaba esa tarde de juegos con los primos a los que, ahora, extrañamos tanto y con los que, cuando había algún que otro enfrentamiento, lo resolvíamos con un pestañeo, ya que nos importaba más compartir nuestros juegos preferidos. Hacíamos comiditas con agua, flores y hojas. Como dijo Platón, «la más grande riqueza es vivir contento con poco». Esa era la auténtica felicidad. Considero que ese proceso de crecimiento a muchos los ha hecho pensar, cuestionar preguntas que, en el fondo, nos da miedo responder aún sabiendo la respuesta. Recuerdo cuando era una enana, esa yo del pasado que tenía tantas ansias de crecer y crecer, de poder hacer «cosas de adultos», de vivir en mi propio espacio y con mis propias reglas… Pero cuando uno ya crece y ve las responsabilidades a las que se tiene que someter, retrocede, por miedo a no poder seguir adelante, por saber los miles de escenarios que podrían pasar si la llega a fastidiar y no sólo eso, sino el incesante miedo a morir sin haber cumplido ninguna de nuestras metas, de nuestros sueños. En la infancia de antes, los niños soñaban con unicornios, arcoíris, príncipes y princesas, pero ahora todo ha cambiado. Los niños de ahora son el futuro del mañana y sus gustos e intereses ya no son tan infantiles, especialmente porque se relacionan con el uso de móviles, tablets y videojuegos. Siento que ha habido grandes cambios, tanto positivos como negativos, pero hay que aprender de ellos para saber optar por una buena solución. La infancia hay que cuidarla y disfrutarla para que, cuando lleguemos a adultos, tengamos esos valiosos recuerdos sobre lo felices que fuimos con las personas que nos querían.

Hope Omoruyi

1º Bachillerato Humanidades