Lo que cambió nuestras vidas (Concurso cuento-redacción «Migración. Mar de oportunidades» del FECAM curso 2021/2022)

Érase una vez, en un pueblo bastante pequeño del sur de Italia, llamado Castelmezzano, un lugar encantador designado como uno de los pueblos más bellos del país. Se encontraba la familia «Ferrez» de Alessandra Ferrez, una chica cuya edad era de tan solo 18 años. Era una chica que siempre pasaba sus días de la noche a la mañana con sus
mejores amigas Sofía y Martina, las cuales conocía desde que tenía uso de razón. Sus familias estaban tan unidas desde que ellas eran pequeñas que solían pasar las navidades y todas las fiestas del año juntos como una gran familia.

Los padres de ésta trabajaban en una famosa empresa de viajes, que fue heredada un año atrás por el fallecimiento del abuelo de Alessandra. Los padres de ella, debido a la escasa oferta de trabajo, escogieron transformar la empresa en una agencia de viajes especializada en planificar las rutas de turistas por el país. Alessandra era una chica bastante querida por todas las personas que la rodeaban. Una noche en una cena familiar en la que estaban las tres familias, Alessandra se levantó de la mesa para contar lo siguiente:

-Papá, mamá, he tomado una decisión que llevo pensando demasiado tiempo atrás. Hace unos meses estuve hablando con Sofía y Martina de un tema que me ha cambiado los pensamientos hacia un nuevo futuro, – dijo con su voz agitada por el posible rechazo de sus padres.
Ellos le contestaron:

– Hija, creo que sabes de sobra que tendrás nuestra aceptación, siempre y cuando tú decisión sea algo que te aporte algo positivo en tu vida.

-Muchas gracias por apoyarme siempre, pero creo que es hora de que yo os eche una mano a vosotros. Se que estáis bastante agobiados con la empresa, y que también estáis buscando a un empleado nuevo en vuestra oficina para el puesto de traductor y negocios internacionales; así que me ofrezco voluntaria sin sueldo, para ayudar a ampliar la
empresa familiar. ¿Qué os parece? – dijo Alessandra entusiasmada.

Sus padres se levantaron de sus asientos y, entre lágrimas, la abrazaron por la ayuda que les estaba ofreciendo. Después de las inmensas gracias que le había comenzado a dar su padre, Alessandra comentó:

-Eso no es todo, la empresa se agrandará aún más, trabajaremos en esto Sofía, Martina y yo. Las tres estaremos en el departamento de traducción y negocios internacionales.

Todos comenzaron a aplaudir y acordaron que empezarían a trabajar a la mañana siguiente.

En unas semanas comenzaría la temporada turística y ya deberían tener preparados los paseos turísticos por la ciudad.
A los dos meses, Alessandra se encontraba en un tour turístico por el país, cuando, de repente, la banda más peligrosa del lugar asaltó el monumento que estaban visitando en ese momento. Todos los turistas estaban aterrorizados. Pero Alessandra decidió escapar de esa situación, Salió de allí como pudo y fue directamente hacia sus padres para informarles que sería mejor marcharse del país, por los atentados que se habían producido en los últimos tres meses atrás. Ellos se negaron a dejar su vida en Italia para irse con ella así que decidió irse ella sin el apoyo familiar.

Alessandra, una semana antes de irse, se lo comunicó a sus mejores amigas y ellas aceptaron unirse al plan. Decidieron coger el primer vuelo que encontraran hacía España específicamente a la isla de Gran Canaria. Al llegar al aeropuerto de Gran Canaria conocieron a tres chicos franceses con los cuales hicieron muy buenas migas y decidieron quedar un día para salir a comer a algún «Guachinche”.

-Hola, ¿vosotros también sois nuevos por aquí? – preguntó Sofía a uno de ellos.

-Si, somos de Alemania pero, al ver la situación allí decidimos venirnos lejos.

-¿Y vosotras de dónde sois? – contestó el chico rubio con ojos color miel.

-Nosotras somos de Italia y vinimos aquí por la situación también ¿Y vosotros cómo os llamáis? – preguntó Alessandra con interés.

-Nosotros somos Marcos, Carlos y Rubén ¿Y vosotras no habéis dicho vuestro nombres? – contestó Marcos.

– Cierto, nosotras somos Alessandra, Sofía y Martina – dijo Martina.

Media hora después, se estaban despidiendo.

Siete años después, Alessandra fue a visitar a sus padres porque los extrañaba mucho. Pero sigue viviendo en Gran Canaria, una isla que la abraza como si estuviera en su casa, con un trabajo estable, teniendo aún a sus mejores amigas cerca y, sobre todo, teniendo una vida amorosa con uno de los chicos que se cruzó en ese aeropuerto al llegar a lo que le llaman ahora su segunda casa. Lo que no esperaban es que ese intercambio de palabras les llevase a una vida compartida.

Claudia Montesdeoca Lezcano
1º Bachillerato Humanidades
IES FERIA DEL ATLÁNTICO

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