Migración: mar de oportunidades (Concurso cuento-redacción «Migración. Mar de oportunidades» del FECAM curso 2021/2022)

Había una vez una niña llamada Elisabeth, tenía nueve años y vivía con su padre David y su madre Isabel en África. En este continente eran muy comunes las catástrofes naturales. Un día se produjo un terremoto y múltiples personas y la madre de Elisabeth resultó herida de gravedad. Días después, Isabel murió debido a la explosión que se produjo. David fue a contarle a su hija lo sucedido. Las casas se habían derrumbado por las fuertes lluvias y las personas que vivían en ellas tuvieron que buscarse un refugio donde pasar los días. El padre se acercó a su hija y le dijo:

-Elisabeth cariño, ven, tengo que contarte una cosa.

-Dime papá – contestó ella.


En ese momento, David empezó a llorar, aunque él no quería que su hija lo viera así. Entonces Elisabeth preguntó:

-Papá, ¿por qué lloras?

-Tengo que decirte una cosa muy fuerte y no soy capaz – respondió su padre.

-Papá, dime lo que sea – insistió la niña.

Elisabeth, sabes que mamá estaba muy grave en el hospital y no sabíamos si iba a poder superar esto. Los médicos me han dicho que mamá ha muerto, lo siento mucho, hija. Cuando Elisabeth escuchó estas palabras, empezó a llorar desconsolada y rápidamente fue a abrazar a su papá. Pasados unos minutos, Elisabeth le dijo a su padre que tenían que salir adelante juntos, que debían hacerlo por su mamá porque ella hubiera querido que lo consiguieran juntos.
Después de unas semanas, consiguieron un techo donde vivir. David obtuvo un trabajo, trabajaba muchas horas al día y le pagaban lo justo para poder dar de comer a su hija que lo ayudaba en todo lo que podía.


Fueron unos años muy duros, ya que David tenía que trabajar mucho y apenas conseguía tiempo para poder estar con su hija.


Cuando Elisabeth cumplió los 16 años, ella quería trabajar para poder ayudar a su padre, aunque este le decía que no hacía falta y que él se ocuparía de todo. Un día, que ellos estaban hablando tranquilamente, el suelo empezó a temblar y escucharon a la gente gritar, se estaba produciendo otro terremoto. Elisabeth tenía mucho miedo, ya que perdió a su madre debido a esto y no quería perder a su padre también. Afortunadamente, salieron ilesos de este altercado, pero debido a las terribles circunstancias que estaban pasando, ya que David trabajaba, pero no conseguía el suficiente dinero para poder mantener a su hija, los dos decidieron emigrar a España pese a las consecuencias que eso conllevaba.

-Elisabeth vamos a irnos a España, los dos – dijo David.

-¿Por qué, papá? ¿Qué pasa? – preguntó la joven.

-Cariño, aquí no tenemos oportunidades de poder tener un futuro. Yo no consigo el suficiente dinero para poder mantenernos. Están pasando demasiadas catástrofes y quiero que los dos podamos tener oportunidades de salir adelante. Quiero que tu tengas más oportunidades de que seas feliz, ya que yo no tuve muchos recursos. Además, quizás podamos encontrarnos con mi hermana Lucía, con tu tía, – respondió el padre.


David sabía que iba a ser un proceso duro, pero a él no le importaba, porque quería que su hija estuviera bien y feliz.
Después de mucho sufrimiento, por fin, llegaron a España. David veía a su hija muy triste y entonces le dijo:

-Elisabeth, ya sé que esto es muy duro para ti, para mí también lo es, pero ambos tenemos que hacer un esfuerzo.

-Ya lo sé, papá, pero mamá debería estar aquí con nosotros, – contestó la joven.

-Sí hija, pero ella desgraciadamente no está con nosotros, por eso tenemos que hacerlo por ella, para que desde dónde esté vea que lo estamos consiguiendo -respondió el padre.


Días después, se encontraron con la hermana de David, Lucía. Ella no había visto nunca a Elisabeth, ya que ella también tuvo que emigrar a España cuando era muy joven. Desde el principio, las dos conectaron muy bien y consiguieron tener muy buena relación.


Elisabeth, aunque nunca olvidaría a su madre, muchas veces hablaba con Lucía de lo que era, que era muy guapa y que la echaba muchísimo de menos y que ojalá estuviera allí con ellos. Lucía muchas veces le decía que su madre estaría muy orgullosa de ella, ya que había superado todas las dificultades junto con su padre. Elisabeth le dijo a Lucía:

-Tía, cuéntame lo que ustedes pasaron siendo pequeños, porque mi padre nunca me lo ha contado y quiero saberlo.

Nosotros vivíamos en Senegal con mis padres, allí la situación era muy mala porque había mucha pobreza y no había suficiente dinero. David y yo trabajábamos para poder llevar dinero a casa. Fui yo quien hice la propuesta de venirnos a España a buscar unas mejores condiciones de vida, pero David y mis padres no quisieron irse -le contó su tía. Pasados dos años de que David y Elisabeth estuvieran en España, su vida había cambiado mucho respecto a cómo era antes. David consiguió un trabajar de albañil en el que le pagaban un buen dinero, y con ese dinero le quería pagar la universidad a su hija Elisabeth. Ella, desde pequeña, siempre había querido ser profesora de niños pequeños, ya que
le encantaban y se quería dedicar a ello. Su padre y su tía Lucía, entre los dos le pudieron pagar la universidad. Ella empezó a estudiar Magisterio y conoció a un chico, se empezaron a conocer y ambos se enamoraron. Unos años después, Elisabeth y su novio Lucas decidieron casarse y formar una familia. Y así lo hicieron, se casaron y fueron muchos felices. El padre le dijo a Elisabeth:

-Elisabeth, cariño, quiero que sepas que estoy muy orgulloso de ti, los dos hemos sabido afrontar los problemas, mamá siempre nos decía que si estábamos juntas podíamos superar cualquier situación difícil que se nos pusiera delante, hija, muchas veces la migración es un mar de oportunidades.

YAMILEY LEÓN TAVIO
PRIMERO DE BACHILLERATO DE CIENCIAS
IES FERIA DEL ATLÁNTICO

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