Sala de espera

         Si vivimos en un país libre en el que podemos elegir nuestro estilo de vida, ¿por qué nos prohíben elegir dónde, cuándo y cómo morir? Durante años se luchó para obtener unos derechos básicos, entre ellos el de votar y elegir a nuestros representantes. Ahora estos representantes que nos prometían -entre muchas otras cosas- un buen estilo de vida, nos niegan el derecho de escoger cuando ponerle fin a esta. Parece ser que es nuestra sociedad la encargada de salir a la calle en busca de justicia, ya que, mientras nuestros políticos discuten la aprobación oficial de la eutanasia, hay miles de personas postradas en una cama sufriendo una enfermedad que parece no tener fin. Por si esto fuera poco, un alto porcentaje de dichas personas, ha perdido la independencia y, lo que es peor, ha conservado la conciencia. Esto significa que no sólo padecen por su propio dolor, sino por ver cómo día tras día hay algún familiar haciendo más llevaderos los monótonos días, regresando con los ojos enrojecidos después de pasar horas de incertidumbre en una sala de espera, portando una alentadora sonrisa tras la que se esconde el sufrimiento y agotamiento de años que parecen interminables. Por estas personas, tanto las que sufren la enfermedad, como a las que les toca vivirla desde otra piel, deberíamos tener derecho a decidir cuándo ponerle fin a nuestros días sin ser juzgados de asesinos o inmorales.

                                                                       Elena Rivero García (1º Bachillerato)