Todo tiene su lado bueno (Concurso cuento-redacción «Migración. Mar de oportunidades» del FECAM curso 2021/2022)

Hace mucho, mucho tiempo, cuando la tierra estaba formándose y aún los flamencos bailaban y las serpientes usaban bufanda, había un muy pequeño gorilita que vivía en la selva con su familia de gorilas, todos sus amigos eran gorilas y tenían mucha fuerza y les gustaba jugar, y el gorilita se sentía muy feliz con ellos y muy a gusto en su ambiente natural donde lleva viviendo toda su vida, y donde se había criado.

Al gorilita le encantaba salir con sus padres, ir a trabajar en su selva, le encantaba entrenar levantando grandes rocas, le gustaba observar a los demás animales y entender lo que hacían y por qué lo hacían.

Un día tan feliz como otro cualquiera para el gorilita, llegó a su casa y escuchó a su madre y a su padre hablando:

– ¡Cómo!, ¡No puede ser!- dijo la madre muy alterada.

– Eso dicen, pero no creo que sea cierto- dijo el padre dudando.

El gorilita, al escuchar esto, le entró la curiosidad y les preguntó al padre y a la madre que qué ocurría:

– Jajaja, nada hijo mío, solo que tu madre se preocupa por cosas que no van a pasar. Esta mujer se lo cree todo.

– No pasa nada cariño, sino  que la noticia que me ha contado tu padre, me ha llamado mucho la atención, pero si él está tan seguro de que no es cierta, pues no pasa nada.- dijo la madre despreocupada.

Entonces, el gorilita se fue a dormir tan tranquilo como siempre.

La felicidad de todos los gorilas siguió perdurando durando varios días, y siguieron viviendo normal y tranquilamente. Hasta que un día el gorilita sintió un pequeño temblor, pero hizo como si esto no hubiera pasado y siguió haciendo sus cosas. Unas horas más tarde volvió a sentir el mismo temblor pero, esta vez, fue un poco más intenso. Entonces, al gorilita,  lo avisa su madre y le pide que vaya con ella. Llegan a la casa, y la madre le pide al gorilita que se esconda en algún sitio, de repente, otra vez el mismo temblor pero esta vez aún más fuerte y perdurando más tiempo.

Llegó el padre a la casa, habló con el gorilita y su madre y los tres se fueron hacia una cueva que conocía el padre, yendo por el camino, los temblores eran cada vez más fuertes y largos, yendo hasta el refugio del padre el gorilita vio como se abrían grietas en el suelo y vio una buena cantidad de árboles caer:

-¡No puedo creérmelo!- dijo la madre con lágrimas en los ojos.

– Al final era todo cierto, no fue  ninguna mentira- dijo el padre.

– Pero, ¿qué está ocurriendo? – preguntó alarmado el gorilita.

– Lo que estábamos hablando el otro día tu madre y yo en casa, era totalmente cierto, hijo- dijo el padre asombrado.

-¿Pero qué era?- volvió a preguntar impacientado.

– El otro día le estaba contando a tu madre que se estaba rumoreando por ahí, que se estaban acercando muy grandes y muy peligrosos terremotos, pero solamente era un pequeño rumor, y… ¡Mira ahora!

– Pero,¿porque no me lo habíais contado antes? –dijo gritando el gorilita.

– Pues, porque no queríamos alarmarte, hijo mío.- dijo su madre.

Una vez llegaron a la cueva, se refugiaron en ella  pasaron las horas y cayó la noche, pero el gorilita, por lo preocupado que estaba, no pudo dormir, no paraba de pensar en que había pasado con su casa, con todos sus amigos… Lo único que podía era sentir los grandes temblores y preocuparse cada vez más y más.

Al día siguiente, todos despertaron y nadie sentía temblores de ninguna forma. La familia gorila, salió de la cueva y volvieron a dirigirse hacia donde estaba su casa:

-¡No puede ser cierto! –dijo el gorilita llorando.

-Lo siento, hijo mío- dijo su padre sintiendo la misma tristeza que la de el gorilita.

Los tres se encontraron con su casa hecha pedazos al igual que lo estaban todas las demás casas, estaban todos los arboles en el suelo partidos, el suelo estaba totalmente roto lleno de grietas, no había ni un solo gorila por ningún sitio. El gorilita buscó y buscó a sus amigos pero no vio a nadie y se encontró con todas las piedras que le gustaba levantar hechas pedazos:

-Vamos a tener que irnos a otro lugar  a buscar una casa nueva.- dijo el padre.

-¿A dónde iremos?-dijo preguntándose la madre con lágrimas en los ojos.

El gorilita estaba muy, muy triste, porque perdió a sus amigos, perdió su casa, perdió su selva donde él era tan feliz, perdió su rutina diaria…

El gorilita se encontraba llorando, muy triste, desde lo alto lo vio una cigüeña que se encontraba volando por el lugar, se acercó al gorilita y le preguntó qué le pasaba:

-¿Que pasa gorilita?- dijo la cigüeña muy interesada

-Que he perdido el lugar donde vivía y me tengo que ir a otro sitio a vivir- contestó el gorilita.

-¿Y cuál es el problema?- preguntó ella.

-Que echo de menos mi lugar.

-Todos los sitios son tu lugar, gorilita, mírame a mí, me paso mi vida viajando de un sitio a otro y créeme que es mejor que quedarse en un sitio fijo, podrás descubrir nuevos lugares y aprender mucho de la vida y, sobre todo, conocer a muchos amigos más y incluso puedes hasta a encontrar un sitio mejor al que estabas antes. –contestó la cigüeña.

-Oye, pues puede ser que tengas razón, quizás esto no es algo malo para mi vida, sino que es una oportunidad para buscar sitios y cosas diferentes.

Después de esto, el gorilita vio el lado bueno a lo que le había ocurrido, y hasta incluso estaba entusiasmado por moverse a otro lugar.

El padre y la madre del gorilita hablaron con él:

-Cariño, entre tu padre y yo hemos tomado una decisión- dijo la madre seriamente.

-Nos vamos a ir a vivir a la Sabana.-dijo decidido el padre.

Y desde entonces la familia gorila vivieron en la Sabana, el gorilita hizo muchos amigos nuevos con los que salía a jugar, encontró rocas más grandes que le gustaba levantar para ponerse aún más fuerte, encontró animales distintos de los que él ya conocía y pudo aprender aún más y tuvo una casa mejor y más grande. La familia gorila vivió en la Sabana y fueron felices por siempre.

Aquí se rompió una taza, y cada quien para su casa.

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