Un hombre ejemplar (Concurso cuento-redacción «Migración. Mar de oportunidades» del FECAM curso 2021/2022)

Hace sesenta y tres años nació un niño llamado Mahdi, en una ciudad pobre y gobernada por dictaduras llamada Kut, en el país de Irak. Era el sexto de ocho hijos de una mujer llamada Nahima. Ella era de piel blanca casi, casi de porcelana, bajita, pero con mucho temperamento, siempre vestía cubierta sobre velos negros, dejando a la vista su hermoso e intimidante rostro. Su padre se llamaba Abdul, era un hombre alto de casi dos metros, moreno, fuerte, de pelo canoso, pero con una gran y hermosa mirada profunda de rasgos árabes.

Kut era una ciudad hermosa, en donde, en cada rincón se apreciaba magia y sus habitantes se ayudaban los unos a los otros, a pesar de la pobreza y sequía que había en todo el país. Sus días eran muy calurosos y sus noches muy heladas, un tiempo totalmente extremista.

Mahdi creció en esta hermosa ciudad, trabajando desde muy temprana edad en un puesto de sandías, ganándose pequeñas limosnas de la gente que se podía permitir pagar el precio mínimo, y estudiando náutica por las tardes.
Era una infancia dura, e incluso traumática, no tuvo la suerte de criarse entre mantas de algodones con los que arroparse en las noches frías, ni poder salir a jugar a las calles con sus amigos, mientras compartían sus juguetes nuevos después del mes de ramadán. Pero no todo era tan negativo. Tenía tres buenos amigos que se llaman Jamil, Siatt y Sattar, con los que pasaba su tiempo libre y disfrutaba tanto estar.

Él nunca se rindió, nunca dejó de estudiar ni de trabajar. Era un hombre de ideas claras y sabía que si quería prosperar, tenía que ser disciplinado y sacrificarse por su familia y por él mismo. Logró graduarse como capitán en la marina mercante, junto a sus dos amigos Jamil y Siatt. Sattar se graduó en medicina.

Ellos tuvieron que hacer muchos viajes de prácticas alrededor del mundo, mientras seguían estudiando para mejorar y opositar a más cargos, con el fin de ganar más dinero para ayudar a sus familias que vivían aún en Irak.


Después de muchos años de prácticas y oposiciones, a Mahdi lo destinaron a las Islas Canarias, concretamente la isla de Gran Canaria, en donde le concedieron el puesto de capitán de Naviera Armas. Estaba ilusionado, tenía ganas de empezar a trabajar duro para poder ayudar a su familia que era lo único que le importaba y por lo que luchaba día tras día.

En una noche de carnavales, tras haber ingresado de un viaje de 9 meses al puerto de Las Palmas de Gran Canaria, un amigo le presentó en la discoteca “El Coto” a una joven y hermosa mujer canaria, bajita y con mucha gracia llamada Soledad. Ellos se conocieron sin hablar el mismo idioma y apenas se comunicaban por señas, aunque ambas miradas se entendían a la perfección. Nunca sabían si eran novios o no, puesto que él siempre estaba embarcando y desembarcando del puerto, por su trabajo.


Una de las veces que Mahdi iba a volver a Irak, le dijo a Soli:

-Niña, vente conmigo mañana, me encantaría que conozcas a mi familia.

A Soli le parecía una absoluta locura.

-¡Estás loco! ¿Cómo se lo voy a decir a mi padre?

Mahdi emprendió su viaje solo, comprendía que el padre no la dejaría irse a un país tan lejos de Gran Canaria, incluso fuera de Europa. Como no pudo ir con Soledad, se llevó una foto de ella y se la enseñó a toda su familia, amigos, vecinos, con gran entusiasmo y felicidad, con la certeza de que cuando volviese estaría de nuevo con ella.

Su familia, a pesar de ser musulmanes, eran muy abiertos de mentalidad para su época y cultura, y se lo tomaron con gran alegría, acogiendo con mucho cariño a la hermosa Soli.

Regresó a Gran Canaria y le pidió matrimonio, estando convencido de que era la mujer de su vida. Ella aceptó. Para poder casarse un musulmán con una cristiana tuvieron que pedirle permiso al obispado de Canarias y ofrecer una ceremonia en ambos idiomas y religiones. El 19 de octubre de 1986 se casaron en la Iglesia de los Dolores, Las Palmas, al estilo cristiano, con alguna tradición árabe, en vez de tirarle arroz a los novios, les tiraron bombones.

El 19 de octubre de 1987, uno año después y en su primer aniversario, nació su primera hija, llamada Nahima, como la madre de Mahdi. Tras nacer Nahima y él ser el primer hombre que la cogió en brazos, la elevó hacia el cielo, mostrándosela a su Dios para que la bendijera con mucha salud.

Cuando ya su primera hija tenía un año, se mudaron a vivir juntos, comprándose su primera casa. Ambos seguían trabajando, él de capitán y ella de peluquera. Hicieron de su relación una verdadera amistad sólida, en donde la base de su amor era la confianza, el respeto y la sinceridad.

Mahdi llegó a ganar mucho dinero en sus sueldos ya que se había convertido en un alto cargo de la marina, y decidió salir una noche a celebrarlo con sus otros dos amigos a los que también los habían destinado como capitanes de rangos inferiores en Gran Canaria. Decidieron salir a tomarse unas copas, ir al bingo, apostar, jugar a tragaperras y gastar mucho dinero. Mahdi ,ya sin dinero, volvió a su casa mientras que su mujer con su sueldo y el resto del de él, en un sobre, le esperaba. Mahdi le dijo a Soli.

-¿Me puedes dar mi parte del sueldo?

A lo que ella le respondió:

-Por supuesto, es tu dinero. Pero una cosa te advierto, como empieces a gastar de forma imparable en esos vicios, olvídate de mí y de nuestra hija. Mahdi entró en razón y se dio cuenta de que todo su sueldo se lo había gastado en
una sola noche.

Al día siguiente se sentaron a hablar seriamente, dejando claro que aunque se podían permitir gastar, siempre sería mejor asegurar y guardar, ya que gran parte del dinero se lo daba a su familia en Irak. Mahdi arrepentido pidió disculpas a su esposa, y jamás volvió a malgastar su dinero de esa forma.

Pasaron los años y todo seguía en viento en popa, Nahima creciendo felizmente con unos padres que la adoraban, Mahdi y Soledad más felices día tras día. Llegaban buenas noticias de que los hermanos de él también estaban emigrando y encontrando sus hogares en otras partes del mundo, hasta que llegó 1991 y se proclamó la guerra del Golfo, en Irak. Alistaron a todos los hombres que habían nacido en Irak y estuviesen en buena forma para convocar un ejército en condiciones para luchar. Así que Mahdi tuvo que volver a Irak, sin saber si iba a regresar a la que se había convertido en su hogar junto a las dos mujeres de su vida. La guerra no duró ni un mes, pero fue una guerra en donde se derramó mucha sangre inocente, y fue el inicio de la gran dictadura que llevaría a Irak al desorden, peligro, miedo y sobre todo mucha inhumanidad. Mahdi, pudo volver afortunadamente vivo, aunque mentalmente destrozado de ver
lo que era su país y en lo que se convirtió años después.

-¡Dios mío, estás vivo!- Dijo Soli en cuanto lo vio.

Se abrazaron mientras ambos se emocionaban. Él solo dijo una cosa.

-Nunca… nunca más.

Ella lo abrazó y le contestó:

-Tranquilo, ya estás aquí, en casa.


Después de ese día Mahdi nunca más volvió a hablar sobre el tema, cosa a su mujer le preocupaba mucho. Así que ella solo le preguntó una última cosa:

-Niño, ¿mataste?


Mahdi la miró, y le respondió:

– No, pero ver cómo matan a tu hermano no es agradable.


Ella lo abrazó y le pidió perdón por haberle preguntado. Aunque aún seguía muy preocupada por su marido. Obviamente lo sucedido lo cambió totalmente.


A los tres años Soli quedó embarazada, pero en el parto murió la niña, a la que llamaron Laura. Mahdi con el fallecimiento de su segunda hija estaba muy triste y mentalmente desanimado.


En 1997 llegó al mundo la que sería tercera, segunda hija viva del matrimonio. Con este nacimiento Mahdi recupera las ganas de seguir, recupera la vitalidad que había perdido tras la guerra y los fallecimientos de su hermano e hija. A esta niña la llamaron Amira. Como a Nahima, la elevó al cielo, mostrándosela a Allah para que la bendijera con salud.

Dos años después, 1999, nace María la que sería cuarta, tercera hija viva de Mahdi y Soli. En esos años el matrimonio pasaba sus mejores momentos, Mahdi estaba saliendo de esa oscuridad que había gobernado su mentalidad tanto tiempo. Nahima, ya empezaba a ser una adolescente que salía a la calle con sus amistades y ya tenía algo de independencia. En 2003, cuando sólo tenía 15 años, dio a luz a su primer hijo, Jonathan. Esto fue un golpe para sus padres, no de tristeza ni de rechazo, pero sí de decepción. A pesar de ello, Mahdi se enorgulleció, puesto que él deseaba tener un hijo varón. En 2004, llega el segundo hijo de Nahima, a sus 16 años: Alberto. Nació prematuro, además de sufrir discapacidad física y cerebral, puesto que nació con dos derrames cerebrales. Tuvieron que operarle muchas veces de la cabeza, e implantarle una válvula para poderlo salvar. Los médicos nunca le dieron esperanzas de poder caminar, ni siquiera de vivir. Alberto se convirtió rápidamente en la debilidad de Mahdi.

En 2004, Nahima volvió a quedarse embarazada. Esta vez, decidió decírselo a sus padres, puesto que nunca se lo contaba. Cuando tuvo que hacerse la ecografía y le revelaron el sexo Mahdi la llevó, junto a una de sus primas. La prima de Nahima salió, mientras Mahdi, un señor alto, con temperamento en el pasillo esperaba con ansias el estado de Nahima y el embarazo. La prima de Nahima le dijo:

-Es una niña.


Mahdi se alivió y se emocionó, aunque lo único que dijo fue:

-Se llamará Jamila.


Así fue, en febrero de 2005, nació Jamila. A los 17 años de Nahima.


En poco tiempo se convirtieron en una familia muy numerosa, en donde Mahdi y Soli se encargaban prácticamente de seis niños.

En 2007, Mahdi, aprobó la plaza de práctico en La isla de La Palma y se mudaron todos a Santa Cruz. En La Palma Mahdi era el jefe y primer oficial del puerto. Soli era ama de casa y practicaba sus hobbies. Los niños estudiaban y Nahima empezó a trabajar en la empresa de los prácticos, como marinera además de titularse como patrona portuaria.
Todo iba en mejoría, era una familia muy feliz, y sin graves problemas.

Nahima vivía independientemente con sus hijos Jonathan y Jamila. Y Alberto vivía con sus padres, Mahdi y Soli, más sus otras dos hijas.

Pasaron los años, los niños crecían, y el matrimonio era más feliz que nunca. Tanto era así que Mahdi compró un gran terreno y empezó junto a un arquitecto a diseñar la casa de sus sueños. En el verano de 2016, la casa se terminó de construir y se mudaron a la nueva y hermosa vivienda.

A Mahdi desde pocos meses antes, le habían salido unas heridas en la piel, así que decidió ir al médico. Le dijeron que eran picaduras de arañas, que podía ser picaduras de abeja y que le había hecho reacción alérgica. Poco después, le diagnosticaron cáncer de piel. Los médicos tranquilizaron a la familia cuando les dijeron que era un cáncer curable y que los tumores de sus heridas eran benignos. Para ese entonces, Amira vivía en Las Palmas ya que estudiaba derecho en la universidad, María estaba en el camino de Santiago. Nahima estaba en Santa Cruz con Jonathan. Jamila ese verano tuvo que vivir con sus abuelos para cuidar a su hermano Alberto, puesto que todos los días tenían que ir al hospital a que Mahdi se pinchase la quimioterapia. A la semana, Mahdi no volvió con Soli del hospital. Lo habían ingresado.


A los dos días de su ingreso, Jamila y Alberto tuvieron que viajar a Las Palmas, en donde estaba su tía Amira, porque una de las primas se casaba.


Los niños hablaron con su abuelo, y única figura de padre, antes de subir al avión. Esa fue la última vez que hablaron con él. La mañana del 2 de agosto de 2016, a toda la familia Abul Hossein Morán y gente muy cercana de la familia , se le habían parado los relojes a la misma hora. Mahdi falleció en el hospital insular de La Palma. La familia más cercana de Soli, viajó a La Palma, para ayudarla con los papeleos y el traslado del ataúd. El día de su fallecimiento lo llevaron al tanatorio de Santa Cruz de La Palma, el mar estaba furioso, agitado, revuelto, el cielo estaba cerrado, totalmente gris, hacía un viento horrible. El día se entristeció, La Palma supo que uno de los mejores hombres que había pisado la tierra, se había ido.


Al día siguiente viajaron a Gran Canaria, en donde le dejarían un día más en el tanatorio, al que fueron cientos de personas, entre ellas familiares, amigos, e incluso capitanes y gerentes de Naviera Armas.


Abduluahed y Kania, dos de los hermanos de Mahdi, viajaron desde Suecia para acudir a su entierro. El 4 de agosto fue enterrado en Las Palmas, en el cementerio de San Lázaro, pero en la parte musulmana. Se hicieron misas, una en Las Palmas, en la iglesia del Pilar, y una en la Palma, en la parroquia del Salvador.


La familia se quedó en La Palma hasta que María terminó bachiller. Vendieron el chalet y volvieron a Gran Canaria.

Hoy en día, Soledad es una mujer feliz por tener la familia que tiene, además de ir todos los fines de semana al cementerio. Nahima tiene el título de marinera, patrona portuaria, además de sacarse el de seguridad y escolta. Amira terminó la carrera de Derecho, y está en un bufete de abogados. María al terminar el bachiller de artes hizo el grado medio y superior de Diseño Técnico en Las Palmas, y tiene pensado ir a la universidad, en La Península. Jonathan, se descarriló tras la muerte de Mahdi, pero tras las ayudas de profesionales y familiares poco a poco ha ido mejorando.
Alberto, es un niño totalmente feliz, estudia en el aula enclave, en donde le enseñan cómo ser independiente. Y Jamila, cursa 1º de bachiller, con intenciones de hacer la carrera de Derecho y convertirse en inspectora. Todos están luchando por mejorar, por seguir siendo felices, a pesar de la ausencia de Mahdi y, sobre todo, por seguir el gran legado que él dejó.


En memoria de un gran hombre, un hombre ejemplar.

Jamila Ostolozaga Abul Hossein
1º Bachiller
IES Feria del Atlántico

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