Un nuevo horizonte (Concurso cuento-redacción «Migración. Mar de oportunidades» del FECAM curso 2021/2022)

Esta es la historia de Mohamed, un niño con una vida un tanto peculiar que sueña con ser un gran empresario.

Mohamed vivía en Somalia ubicado en el cuerno de África, hermano de seis pequeños, hijo de Labely y Mulay. Era una familia muy pobre que se dedicaba a vivir de la poca agricultura que lograban cultivar debido a la escasez de agua. Su vida, sin duda alguna, era una constante aventura, llena de riesgos, pero siempre con la esperanza puesta en lograr sus sueños.

Dia a día se levantaba muy temprano, desayunaban y salía rumbo al colegio que quedaba a dos horas de su casa, enfrentando el mal tiempo de ida y regreso, junto con cinco de sus hermanos. Mientras tanto el más pequeño se quedaba con sus padres ya que era un bebé. Su vida era trágica, sin embargo, ellos la veían de la mejor manera y vivían agradecidos por cada pequeña cosa que les regalara el cielo. Mohamed cursaba tercero de primaria y era el más listo de la clase. Su sueño era tener un supermarcado muy grande para nunca volver a pasar hambre.

Pensaba que, si tenía un gran supermercado, podría crear empleos de verdad y tener su propia huerta. Él sabía que este sueño costaría mucho ya que sus condiciones eran muy duras, pero, pese a esto, seguía esforzándose en el colegio y ayudando a sus padres. Por la tarde, cuando regresaba del colegio, se dedicaba a regar los cultivos con la poca agua que tenían, a quitar la mala hierba y a mantener el orden.

Cierto día, salieron muy temprano en dirección a la escuela y cuando llegaron a mitad de camino, empezó una tormenta desbastadora. ¡Por fin las lluvias los visitaba! Esa agüita bendita que tanta falta hacía para los cultivos que tenía su padre. No obstante, la dicha se escabulló entre las manos y los sueños, ya que la lluvia era tan fuerte que inundó los cultivos y trajo grandes pérdidas, pues toda la cosecha se arruinó y fue imposible salvarla. Nuevamente la desesperación, la angustia y el fracaso rondaba esta familia. Mohamed hablaba con su padre y le daba alientos para seguir adelante. Su idea era buscar en lo inundado y hallar algún resto que se pudiese replantar.

Su padre, observando el gran entusiasmo y la esperanza mostrada por su hijo, se animó a ayudarlo y ambos removieron la tierra ansiosos de hallar su salvación. Tras muchas horas de incesante búsqueda, encontraron unas
pequeñas semillas que les servirían para volver a empezar. Mohamed decidió dejar de ir al colegio para ayudar a sus padres el mayor tiempo posible a plantar y así poder recuperar lo perdido Sus cuatro hermanos seguían asistiendo al cole, mientras él se esforzaba, con gran dolor, en el duro trabajo del campo por el bien de todos.

Él nunca imagino que había alguien que lo echaría de menos y era su profesor de matemáticas que lo extrañaba mucho porque era muy participativo e inteligente. Siempre sobresalía de sus compañeros por sus grandes ideas.
Preguntó a sus hermanos por el paradero del niño y al oír la desdicha que habían sufrido decidió acercarse para echar una mano.


Cuando terminaron un día las clases, fue en busca de Mohamed y, al llegar, su corazón se partió en mil pedazos. Vio esa pequeña choza construida con barro y paja, pero muy limpia y ordenada. Y allí, en el horizonte lejano se veía al pequeño niño, lleno de sudor y barro, intentando cambiar la situación familiar. Con una gran sonrisa lo saludó. El
pequeño lo cogió suavemente de la mano y fue a enseñarle su casa y sus cultivos. El profesor estaba impresionado de ver un niño tan pequeño y dedicado a la labor del campo y le hizo una propuesta a su padre: que le permitiera salir
de África para que viviera con una familia de acogida, que se encargaría de su educación y alimentación hasta que cumpliera su mayoría de edad. Su padre con dolor en el corazón aceptó tal propuesta, ya que sabía que era la mejor
opción. Mulay tenía una fe ciega en su hijo, lo extrañaría, pero tenía que ser fuerte por su hijo y dejarlo lograr sus sueños.

Su madre no paraba de llorar, estaba llena de angustia y dolor porque sabía que, en su hogar, aunque tuviesen mil y una dificultades siempre estarían unidos, ya que nunca se habían separado. Pero los ojitos del niño decían otra cosa.
Mohamed se llenó de ilusión, solamente pensaba en cumplir sus metas, en ayudar a sus padres y en tener un futuro mejor. Irse le causaría mucha tristeza, pero era la gran oportunidad que, a su corta edad, anhelaba. Empezaron con los
trámites y solo en quince ya habían logrado tener el viaje a Canarias preparado. Estas hermosas islas, ubicadas en el océano Atlántico, lo esperaban. Una familia nueva con lo recibiría con los brazos abiertos, dispuestos a brindarle una gran oportunidad a este pequeño niño.

Su familia intentó aprovechar cada día, hasta que llegó la despedida. Mohamed viajó con una pequeña caja de cartón llena de manchas, ropa vieja y muchísimas ilusiones. Su profesor lo acompañó en la travesía y lo guio en su nueva aventura.

Pero el viaje no fue fácil. La pequeña embarcación y el oleaje del mar amenazaban su posibilidad de llegar a Canarias. Hacía mucho frío y el oleaje era muy intenso. Todos los que viajaban iban muy apretados y apenas tenían provisiones para subsistir.


Un día avistaron tierra y Mohamed se sintió maravillado al ver ese grandioso paraíso. Su familia de acogida lo esperaba en el muelle y, al bajar del barco, lo llenaron de mimos, regalos y una gran bienvenida.


Dos días después de su llegada a la isla de Gran Canaria, empezó a estudiar en un cole ubicado en la capital. Allí recibió clases de inglés, francés y español. Sin desperdiciar ni un minuto, se puso manos a la obra para poder terminar sus estudios. Sufrió el rechazo de muchos por ser pobre e inmigrante pero también conoció a gente que le dio una gran acogida.


Destacó por su gran desempeño, a pesar de las grandes carencias con las que había crecido. Le puso tanto empeño que comenzó a obtener buenas calificaciones y a aprender todo lo que necesitaría en un futuro para lograr sus
sueños.

Terminó la Primaria con matrícula de honor y consiguió un billete para volver a Somalia a ver a su familia con regalitos que pudo adquirir a lo largo del curso. Cuando Mohamed llegó a Somalia se encontró a sus padres y hermanos muy
emocionados, pues anhelaban su llegada para vero, tocarlo, abrazarlo. Mohamed era tan listo que empezó a comprar diferentes tipos de semillas para aprovechar el tiempo de vacaciones con su padre y cultivar la tierra. Ya tenía ideas más claras acerca de los cultivos a pesar de su corta edad. Traía libros con nuevos conocimientos que explicaban los invernaderos. Pensaba que era la mejor solución a las grandes lluvias o al sol tan fuerte de África.

Transcurrieron los años y Mohamed tenía casi dieciocho. Empezó su primer año de universidad y recibió una beca por ser un alumno ejemplar. Decidió invertir el dinero en el invernadero que había soñado durante años con su padre. Ese
verano llevaron a cabo su gran proyecto y, sin duda alguna, dieron en la diana. Sus problemas empezaron a desaparecer, los cultivos de su padre resistían las inclemencias del tiempo. Su invento se había hecho famoso y todos acudían a su humilde choza a ver su magnífico invernadero.

Trascurrieron los cuatro años de carrera, la familia de acogida siempre lo apoyó hasta que terminó sus estudios y se graduó en Administración de Empresas. Poco después volvió a su tierra amada. Sin perder ni un minuto se puso manos
a la obra, trabajó codo a codo junto a su familia y consiguió que se construyeran cientos de invernaderos con los ahorros de los cultivos y de las becas que había guardado durante los años de universidad. Sin dudarlo este chico fue un empresario, pulido con dolor, sufrimiento, sacrificios y esfuerzos.

Un año más tarde abrieron las puertas del minimercado “Un Nuevo Horizonte”, lleno de frutas, verduras y mucha ilusión. Sus primeros empleados fueron sus parientes cercanos. Cada uno ocupaba un lugar esencial en el local. Pasaron de de ser los más pobres a ser los más ricos del pueblo.

Todos se acercaban a comprar sus exquisitas verduras que tenían un sabor incomparable con el resto. Con el tiempo, empezó a crecer el negocio y con ello surgieron los nuevos empleos en la tienda y en el campo. Todos admiraban la
dedicación de Mohamed y el sacrificio que había hecho como familia para lograr sus objetivos.

Así termina esta historia llena de agradecimiento a la vida, a la tierra que lo vio nacer, a sus padres, hermanos, a su familia de acogida y a su gran profesor de matemáticas que fue el peldaño para lograr sus sueños.


“SI TIENES UN SUEÑO Y CREES EN ÉL, CORRES EL RIESGO QUE SE CONVIERTA EN REALIDAD”
Walt Disney

Julián Alfonso González Roa
Primero de Bachillerato de Humanidades
IES Feria del Atlántico

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