Una vida compleja (Concurso cuento-redacción «Migración. Mar de oportunidades» del FECAM curso 2021/2022)

Como todos los viernes, me siento en la terraza de mi abuela con mi café recién hecho y mi pijama favorito. Mi abuelo José decide hacerme compañía. Él y yo estamos muy unidos desde el fallecimiento de mi abuela Carmen. Él siempre está hablando de ella en cada momento y siempre lo hace con una sonrisa de oreja a oreja. Mi abuela era cubana y no tuvo una vida muy fácil.

Empecemos desde el principio. En 1950 nació mi abuela. Ella tenía cuatro hermanos menores que ella. Vivía en Cienfuegos, una ciudad de Cuba situada en el Sur. Allí no era como aquí, que se puede ir a un supermercado y encontrar todo tipos de productos, sino que a cada familia en Cuba le daban un papel con lo que los productos y alimentos que les tocaba. Me contaba que le daban nada más que un rollo de papel higiénico, dos botes de leche y una bolsa de pan, aunque ese pan se lo daban duro y, al final, siempre se terminaba tirando para no enfermar. Esto lo tenían que administrar porque hasta el lunes de la semana siguiente no le volvían a dar alimentos.

Era una dura forma de vida, a veces incluso resultaba inaguantable. Cuando mi abuela tenía tan solo nueve años, trabajaba en una finca ordeñando vacas para obtener leche y poder dársela a sus hermanos pequeños. A ella le encantaba estudiar, pero no podía por dos motivos: el primero, por ser mujer y el segundo, por no pertenecer a una familia pudiente. A sus catorce años fue obligada a trabajar en el campo por su padre, recogiendo tomates, millos… Veía muy injusta su situación y se preguntaba a menudo por qué sus hermanos podían tener estudios y ella no.

Así que un día por la tarde, tras haber terminado su trabajo, fue a su casa y se atrevió con auténtica valentía a preguntar esto a su madre. Esperanza, tras haber escuchado a su hija, se le partió el alma, ya que como madre quería lo mejor para ella, pero no podía hacer nada. La solución pasaba por emigrar para poder tener una calidad de vida mejor y un futuro próspero.

En ese instante, su madre le propuso reunir el dinero para poder marcharse del país, pero tenían un problema: su hija nada más cobraba a la semana treinta pesos cubanos que, pasándolo a la moneda europea, no llegaba ni a cuatro euros. Pensaron y pensaron durante largas horas. Su tío Benito era pescador y transportaba el pescado a España. Los pescadores y la gente que transportaban los alimentos solo tenían derecho a salir del país. Esperanza habló con su
hermano para haber si existía la posibilidad de colar a Carmen en el barco sin que nadie se diera cuenta. Su tío, sin dudarlo, aceptó la propuesta.

Durante la travesía tuvieron un problema muy grave pues se encontraron a la guardia marítima y rápidamente el tío gritó:

-¡Carmen escóndete que vienen!

Carmen enseguida se escondió tras un palet de pescado, que olía muy mal. Los guardias entraron dentro de la embarcación y revisaron todos los palets, pero por suerte no donde estaba Carmen. Cuando se fueron suspiró y se quedó tranquila, tras ocho horas de viaje.

Por fin el martes 10 de agosto de 1964 llegó al puerto de Barcelona. Benito la acompañó a bajarse. Él tenía un cliente que junto a su mujer estaban buscando adoptar a una niña. Benito lo habló antes con su sobrina, le preguntó si le parecía bien que fuera su familia temporal, porque él no se podía quedar. Ella aceptó la propuesta. Desde ese momento, Ana y Gabriel se convirtieron en sus segundos padres.

En septiembre, Carmen comenzó el instituto, pero también empezó su terrible pesadilla: el acoso escolar por parte de sus compañeros y compañeras de clase que se metían con ella por el simple hecho de ser inmigrante.

Carmen tenía una única amiga llamada Clara que era de Venezuela. Clara siempre la defendía y la apoyaba en sus metas y sueños. Carmen era incapaz de contar a sus profesores y profesoras lo que estaba ocurriendo y, a pesar de todo, no dejaba de estudiar y ni de sacar buenas notas. Un día Clara le confesó a Ana y a Gabriel todo el daño que le estaban haciendo a Carmen. Tras haber escuchado eso decidieron cambiarla de instituto. Empezó en un nuevo centro, donde la admiraban por su valentía para llegar allí. Le dieron una beca por sus buenas notas. Carmen siempre tuvo claro que quería estudiar Magisterio. En ese instituto nuevo había un niño llamado Lucas que había pasado por la misma situación que ella. Él venía de Bolivia y le contó cómo fue su viaje, por cierto, bastante diferente. Lucas fue al aeropuerto y se metió en la pista sin que nadie lo viera. Cuando estaban cargando las maletas se metió arriesgando su vida, porque eran diez horas de vuelo sin comer ni beber nada y con poco espacio para moverse, ya que estaba rodeado de maletas. A Carmen le impresionó bastante su historia.

Tras varios largos años por fin pudo terminar sus estudios de la ESO y Bachillerato. Ya iba a empezar la Universidad junto a su amiga Clara, cuando en la primera semana de la carrera conoció a mi abuelo José. Fue un amor a simple
vista. Salían todas las tardes juntos, hasta que un día José le declaró su amor y desde entonces vivieron unidos para siempre.

El día de su graduación de carrera estaba muy emocionada, porque había conseguido todos sus sueños, a pesar del difícil trabajo que le supuso. Pero, por otra parte estaba triste porque no estaba su compañera de vida junto a ella.
Impartió clases en un colegio de Barcelona. Después de seis años, decidieron tener una hija, mi madre Laura. Mi abuela a pesar de todo el sacrificio que hizo pudo llegar a conseguir lo que había anhelado toda su vida, que era poder llegar a ser feliz y tener un buen futuro.

Hoy en día en Cuba y en el resto de los países se le hace homenaje a mi abuela todos los 10 de agosto, que fue el día en el que embarcó para comenzar una nueva vida. Carmen escribió un libro titulado Una vida compleja, en la que contaba toda su historia y cómo pudo vencer sus barreras y obstáculos con empeño y amor. Su libro se hizo mundialmente famoso. Y sirvió de autoayuda a muchas personas que lidian todavía con esta situación al ser emigrantes.

Ariadna González Quintero
Primero de Bachillerato de Humanidades
IES Feria del Atlántico

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